GRABACIONES

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LUIS DE PABLO

“RECADO” 

[ world premiere ]


NACHO DE PAZ, dirección musical

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TV NEWS:

ETB / LUIS DE PABLO: Estreno de “Recado”
[Diciembre, Bilbao, 2010]

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SOBRE RECADO

Recado se estrenó el pasado día 11 de diciembre de 2010 en el auditorio del Palacio Euskalduna de Bilbao. La obra fue interpretada por Óscar Candendo, organista solista, y la Orquesta Sinfónica de Bilbao, bajo la dirección del director Nacho de Paz.
A continuación se reproducen, con el permiso del Departamento de Culturade la Diputación Foral de Bizkaia, las notas al programa del estreno de la obra Recado, para gran órgano solista y orquesta (3.3.3.3. / 4.3.3.1. / ARPA / CELESTA / TIMBALES / 2 PERCUSIONES / 14.12.10.8.6.) redactadas por el propio compositor Luis de Pablo (7 de noviembre de 2010).

 

Fig. 1: Poster publicitario del estreno de la obra Recado de Luis de Pablo (diseño de Marta Cárdenas).

 

Notas al programa escritas por Luis de Pablo

Obra encargo de la Diputación Foral de Bizkaia con motivo de los 10 años del órgano “Karl Schuke” del Palacio Euskalduna Jauregia de Bilbao, mi ciudad natal, a quien la he dedicado. Compuesta en 2009, su título tiene muchos significados. Yo he elegido dos: el antiguo “recado de escribir” (la obra está compuesta a mano, sin ayuda de ningún artilugio) y una forma de decir “regalo”, cuando se acompaña de una misiva.

 

La pieza, de vastas dimensiones (más de 30 minutos) está dividida en cuatro partes: Intrada-Fantasía; Meditación-Variazioni; Secreteo-Rondino; Absorto Adagio molto. Se observará que los títulos de cada movimiento llevan dos nombres: el primero en castellano y el segundo en italiano. Con el primero designo su carácter, con el segundo su forma. Para evitar equívocos, diré que la palabra Intrada, de evidente origen italiano, es la que se utilizó en España para esas piezas organísticas hasta bien entrado el siglo XVIII.

 

La primera parte (Intrada-Fantasía) tiene un carácter que podría calificarse como “inaugural”, casi de “fanfarria”, en contraste con la parte del solista que le sigue: música lineal, que dialoga con la cuerda. Esta alternancia de materiales tan opuestos de carácter no cesa en casi todo el movimiento, dándole un brillo y viveza muy acusados. Se juega además con los cruces entre ellos; por ejemplo, lo que sirvió para el metal al principio ahora lo retoma la cuerda –o la madera, etc.–, convenientemente transformado, etc… Lo que supone que el timbre adquiere un valor formal, no meramente decorativo. El órgano –eje siempre– es el lugar en donde todos estos cruces se resumen. Esta Fantasia hace honor a su nombre.

 

Meditación-Variazioni es una larga melodía en la que el órgano dialoga con grupos orquestales muy diversos: como si su voz cobrase colores inesperados a la luz cambiante de esas combinaciones. Se podría, incluso, imaginar que la orquesta también tuviera “registros”, que compitiesen con los del solista. Secreteo-Rondino es quizá la parte más peculiar de la obra. El Secreteo (o sea, una conversación mantenida en voz baja –y casi siempre a dúo– para ocultarla a los presentes), comienza con un cuchicheo del solista, siempre en pp, del que emergen poco a poco frases fugaces, furtivas, apenas audibles. Hay algún f ocasional, alguna nota mantenida, pero siempre predomina el susurro: cinco minutos de música evanescente, murmurada.

 

Absorto-Adagio Molto es una réplica a la Meditación, pero sin las Variazioni. La música se extasía. Y así como la obra comenzó con un brillante dúo de trompetas –con un eje en el Mi y apoyaturas en los Do-Do I– ahora termina con un diálogo entre solista, que mantiene el Do I, y la trompeta que juega con la Tercera mayor/menor (Mi sobre Do o sobre Do I), eje de toda la pieza.

  

Se observará que esta obra –como todas las mías– no sigue un patrón formal clásico, tanto en cada parte como en el conjunto. Siempre me he esforzado en hacer una propuesta distinta, no por ningún prurito de “novedad por la novedad”, sino porque prefiero que sea el material musical mismo quien dicte –sugiera– las formas, sin forzarlo a ningún molde previo, por “acreditado” que pueda estar. En el presente Recado el estímulo creativo –al menos en su parte consciente– se ha producido en el juego de intervalos, recurrentes pero nunca iguales, así como entre las líneas ornamentales –o, si se prefiere, las melodías, pocas veces “cantabiles”, como es frecuente en la música instrumental– y la polifonía, que va desde la densidad de nueve partes reales hasta su desaparición en una mancha.

 

En su conjunto, este Recado puede oírse como un gesto amplio que a medida que avanza se va haciendo más sutil o, mejor, se va interiorizando hasta llegar a la pura contemplación estática. Al final, una llamada lejana de la trompeta nos recuerda –antes se dijo– dos de los tres intervalos eje: Mi, Do I. El Do natural se ataca y se esfuma: el autor ha elegido la Tercera menor para concluir.

 

En el estreno de Recado de Luis de Pablo, por Óscar Candendo Zabala

Cuando a finales del año 2009, aproximadamente un año antes de la celebración del concierto en el Palacio Euskalduna de Bilbao, recibí una llamada telefónica de Luis de Pablo en la que me invitaba a asumir el papel solista en el estreno de Recado, me sentí, como puede suponerse, muy afortunado. En primer lugar, por la relevancia del compositor y, a continuación, por la importancia y envergadura de la partitura.

 

Recado es una composición de largo aliento para la no demasiado frecuente combinación de Órgano y Orquesta, sólo lo cual la convierte en una obra singular. Porque si no son muy numerosas las partituras escritas para esta combinación, menos aún son las que han logrado trascender el limitado –aunque apasionante y apasionado– mundo del órgano y sus aficionados. (A saber: los conciertos para Órgano de G. F. Handel, la Sinfonía III, Op. 78 de C. Saint-Säens –en la que el órgano juega un papel preeminente– y, por último, el Concierto para Órgano y Orquesta de F. Poulenc).

 

Recibí la partitura de Recado algunas semanas después de la primera conversación telefónica mantenida con su autor. Éste me presentó un texto sólidamente concebido y construido. Tras un somero examen de la obra, llamaron mi atención la riqueza de ideas y el admirable dominio técnico del compositor, por un lado, y, por otro, la precisión y sutileza de la registración en el órgano. Lo primero, la inventiva y la destreza técnica, la altura de la música, en fin, no debiera de sorprendernos hablando de quien hablamos, pero, con todo, resulta siempre muy apreciable. Lo segundo, la seguridad y creatividad en el empleo de los recursos tímbricos del más complejo de los instrumentos musicales, no deja de ser insólito en compositores que se han dedicado ocasionalmente al órgano. (Tal es el caso de Luis de Pablo: recordemos que Módulos V, compuesta hace casi cincuenta años es, hasta el momento presente, su única creación para órgano). De modo que la registración, es decir, el timbre, un parámetro que, a pesar de su trascendencia, se deja en demasiadas composiciones organísticas actuales a elección del intérprete, es tratado con extremada precisión y originalidad en Recado. Podríamos poner varios ejemplos de ello, pero nos limitaremos a dos: la última intervención del órgano solo al final del primer movimiento, “Intrada-Fantasía”, en la que De Pablo prescribe una combinación de registros tan poco frecuente como interesante, y el inicio del tercer movimiento, donde la originalidad es resultado del empleo muy poco convencional de una registración convencional, lo cual, por cierto, se ajusta magníficamente al título y espíritu del movimiento: “Secreteo-Rondino”.

 

Recado es una partitura compleja y, lógicamente, la parte solista no escapa a esta complejidad. El ritmo es tratado con la creatividad, precisión y exhaustividad a que nos referíamos al hablar del timbre. En ocasiones (cc. 57 a 60 del tercer movimiento), el afán de exactitud rítmica lleva al autor a definir lo que parecía indefinible: el rubato. Al contrario de lo que podía suponerse por los amplios efectivos instrumentales empleados en la obra, la textura de la parte de órgano es más bien diáfana. Por ejemplo, hay numerosas secciones en trío –que permiten al autor explotar la polirritmia–, bicinia, etc. El segundo movimiento, “Meditación-Variazioni”, es en esencia un largo recitativo; en el movimiento conclusivo, “Absorto-Adagio”, el órgano declama una expresiva monodia. En resumen, resulta muy adecuado hablar en la obra que nos ocupa de “escritura individualizada”, concepto al que hace referencia el propio Luis de Pablo al ser preguntado por la influencia que ha tenido el gusto por la música de cámara en su producción sinfónica.

 

El estreno de Recado ha sido, en fin, una experiencia absorbente, costosa en algunos momentos, pero, por encima de todo, apasionante y extremadamente enriquecedora. El gran interés de la música hizo que todo lo accesorio pasara pronto a segundo término: la importancia del acontecimiento y la evidente responsabilidad, las muchas horas empleadas en el aprendizaje de la partitura, la recepción de la música, etc. Sí, llega un momento en que, como resultado de la extensa e intensa convivencia del intérprete con la obra –una convivencia no exenta de altibajos, con dudas y desfallecimientos, momentos de exaltación y entusiasmo-, aquél, aun teniendo muy presentes sus limitaciones y su papel vicario, la siente también un poco suya…

 

Luis, muchas gracias por nuestro Recado.

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